martes, 23 de marzo de 2010

OJOS ARABESCOS

Como casi por un accidente del destino estaba en mi persistente búsqueda virtual.

Así, sin nada que esperar encontré tu foto archivada en la memoria impalpable.

Nada haría presagiar mayor fortuna que la de hallarte en el laberinto de otros dominios.

Sin mayor explicación que la amistad entrañable de los años idos, me quedé un buen rato contigo aunque no podía llegar a contemplarte, mucho menos aspirar a darte un gran abrazo y celebrar este encuentro.

Estás bien, te veo bien, los años han sido generosos contigo tal vez porque nunca dejaste de ser como eres, como te conocí y ahora estamos conectados y nuestros caminos opuestos ya no son ajenos.

El tiempo ha pasado y hay tantas historias que contar, tal como es la vida misma: una tragicomedia, un reality, una novela escondida en el último cajón de tu recuerdo.

Ya sabes quién soy, quién fui y no sé a ciencia cierta quién seré (eso lo dejo en manos del destino).

Me invitas a visitarte, tarea difícil para soñarla en la próxima película que sea nominada como mejor guión extranjero una noche lejana y oscura.

Brindo finalmente por tu aparición rutilante, y ahora te siento más cerca a pesar de los miles de kilómetros que nos separan.

Gracias por ser una seguidora, no me lo esperaba, como no espero ver caer el sol cada tarde que me dejo caer como una hoja seca más en este paraíso olvidado por Dios.

El enmascarado ha vuelto a atacar otra vez, Demon Nights hunde una vez más su creación entre letras entreveradas por pasiones clandestinas y escapa -como es habitual en él- a los bajos instintos que lo persiguen como el sol quiere poseer a la luna en un eclipse perpetuo o el mar dice que la arena es suya y copula en ella con su espuma salina hasta que la resaca limpia todo indicio de combate.

Vuelta a la realidad y teclea en tu nombre el último canto perdido desde San Luis a California, este pequeño regalo es para ti, acéptalo como una pequeña muestra de mi afecto eterno, cándido, tembloroso, sobresaltado, cansado pero mío al final de cuentas.

Abrigo la última esperanza de creer poder asistir -con puntualidad oriental- a la llegada del tren de las seis; la estación va a estar repleta de almas perdidas, pero sabré encontrarte porque tu fulgor me va a decir que eres tú, mi amiga perdida en el
otro lado del mundo.

El portal está por cerrarse y tengo que volver antes de que sea demasiado tarde, adiós -por ahora- mujer de ojos arabescos.

Ya casi es la hora, bye bye California / buenos días Lima.


KILL WILL

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